El pasado Viernes viví una de las experiencias más inolvidables de mi vida. Sin saber dónde iba ni lo que iba a suceder, me dejé llevar confiada de que el regalo que iban a hacerme era especial no sólo por lo que iba a significar para mí, sino por lo que ya significaba para quien me lo ofrecía.
Con los ojos vendados, me llevaron de la mano a un mundo en el que las sensaciones se multiplicaban por mil, donde a falta del que consideramos el sentido más importante (la vista) el resto de mi cuerpo se convirtió en mis ojos, y las imágenes las creaba mi mente: dulces, llenas de color, intensas, únicas…
Sólo viviendo una experiencia como esta se puede apreciar cómo solemos pasar “de puntillas” por el resto de nuestras vivencias, sin darnos cuenta de que hay algo maravilloso en la textura de una receta, en el sabor único de una delicia gastronómica, en cada olor, en el sonido del vino que llena poco a poco nuestra copa, en una melodía, en el tacto de unas manos...
En la Cena de los Sentidos, tu cuerpo se reencuentra consigo mismo, y tu mente se reconcilia con el corazón. Reí, lloré, me estremecí, me dejé llevar… y sobre todo SENTÍ. De principio a fin, con cada nueva sensación, sabiéndome única y al mismo tiempo parte de algo maravilloso.
Vivencias que no se deben desvelar para que cada uno las sienta según el momento personal en que se encuentre, pudiendo sólo recomendar que al menos una vez en la vida, es una experiencia que todos deberíamos disfrutar.
Gracias, Juan Ramón, del Restaurante Sagrantana, por ofrecer esta maravillosa experiencia y sobre todo por el inmenso cariño que lográis transmitir.
Y gracias, sobre todo a TÍ, por un regalo que jamás olvidaré.






A la próxima no falto!!!! saludos
Un saludo, Andrés! Estoy segura de que te encantará :D