Estamos en una época en la que las viejas estructuras se tambalean.
Los albores del siglo XXI han supuesto una metamorfosis de conceptos que en el actual orden mundial se daban por hechos, incluido el concepto de propiedad privada. El derecho a la propiedad se ha visto sepultada por corrientes como la del software libre o las redes P2P, y todo esto podría llevarnos a una situación de freno al crecimiento y la innovación de consecuencias catastróficas. ¿O tal vez no?
Todas estas consignas no son sino las que empezaron entonando aquellos para los que la popularización del software libre podía suponer una amenaza, más que una oportunidad.
En muy poco tiempo las tornas han dado la vuelta y hoy pintan bastos para quien todavía no concibe el software libre como una filosofía de innovación diametralmente opuesta y frecuentemente mucho más sostenible para fomentar el I+D+i.
Las cuñas iniciales fueron difundidas por grupos que, como decíamos, estaban interesados en evitar que el nuevo modelo se popularizara, porque se encontraban cómodos haciendo su negocio con el software propietario al amparo del argumento del impulso a la innovación. El error de quienes se las creyeron fue pensar que el negocio del software se basa únicamente en la venta de un producto. Pero desarrollar software es un servicio.
Hasta ahora el sistema de patentes y propiedad intelectual suponía que si alguien creaba algo obtenía, mediante dichos títulos, el monopolio de esa innovación, evitando que los competidores se aprovecharan de ella. Eso hacía que las empresas quisieran innovar para buscar ventajas ante sus competidores, al haber incentivos a la innovación. Pero ahora las cosas son diferentes. El I+D puede generarse dentro de la misma empresa. O puede generarse en colaboración con terceras entidades, incluso cuando son competidoras. El código libre ha supuesto un pequeño paso para el programador, pero un gran paso para la humanidad: la innovación deja de incentivarse vía monopolio a hacerlo vía colaboración.
A este respecto Google lo ha aprendido muy bien. Por eso cada vez el desarrollo en código abierto es más popular y cada vez más sectores se decantan por esta opción. Entre ellos el sector turístico.






